En detalle
Una cartera de inversión es simplemente el conjunto de todos tus activos invertidos. Cuando dices "tengo una cartera", te refieres a la combinación de fondos, ETFs, acciones, bonos, plan de pensiones — todo lo que tienes trabajando para ti.
El diseño de una cartera equilibrada depende de tres factores clave: tu horizonte temporal (cuándo necesitarás el dinero), tu tolerancia al riesgo (cuántas caídas puedes aguantar emocionalmente sin vender) y tus objetivos financieros.
La cartera más sencilla que funciona — y que recomienda la mayoría de expertos en finanzas personales — es una cartera de dos fondos: un fondo indexado global de renta variable (MSCI World o equivalente) y un fondo indexado de renta fija. La proporción entre los dos la determina tu perfil.
La regla clásica es restar tu edad a 110 o 120 para obtener el porcentaje en renta variable. A los 30 años: 80-90% renta variable, 10-20% renta fija. A los 60 años: 50-60% renta variable, 40-50% renta fija.
Ejemplo práctico
María, 35 años, tiene una cartera de 15.000€: 80% en un fondo indexado MSCI World (12.000€) y 20% en un fondo de renta fija global (3.000€). Cada año revisa la proporción y rebalancea si alguno de los dos se ha desviado más de un 5% del objetivo.
Lo que debes recordar
- 1Tu cartera debe reflejar tu horizonte temporal y tolerancia al riesgo — no la de otra persona.
- 2Una cartera de 2 fondos (renta variable global + renta fija) es suficiente para la mayoría.
- 3Revisa y rebalancea tu cartera al menos una vez al año.
- 4Más compleja no significa mejor — la sencillez es una ventaja en la inversión a largo plazo.
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